¡Necesito esconderme!

Génesis 3:7

Entonces fueron abiertos los ojos de ambos,  y conocieron que estaban desnudos;  entonces cosieron hojas de higuera,  y se hicieron delantales. Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto,  al aire del día;  y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.  Mas Jehová Dios llamó al hombre,  y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto,  y tuve miedo,  porque estaba desnudo;  y me escondí.

¿Quién no ha querido o necesitado esconderse, aunque sea por un ratito alguna vez? Seguro la mayoría, y si no lo has vivido, también a ti te llegará la hora. Cualquier que “haya vivido” sabe que la vida no es sencilla o por lo menos tiene esos días donde parece que todo es complicado, doloroso y pesado. Si realizamos un juicio rápido podríamos decir que son muchos los elementos que conspiran para que terminemos aunque no queramos en circunstancias de dolor y sufrimiento. Repasemos algunos de estos elementos: condiciones naturales (cosas con las cuales hemos nacido), elementos adquiridos en nuestro aprendizaje, experiencias vividas, errores no intencionados de otros que nos afectan, acciones intencionadas de otros que están dirigidas hacia nosotros cargadas de malicia, nuestros propios errores, además tenemos un adversario que conoce todo esto y desea eliminarnos. Esto a grosso modo y sin un análisis profundo, pero hay una mas que sin duda es la mas pesada de todas, nuestra naturaleza pecaminosa. La Palabra nos revela que este es el mayor problema del hombre y la mayor fuente de dificultades. Pablo exclamó ante esto: “¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Romanos 7:24).

Si vemos el pasaje que leíamos anteriormente con detenimiento vemos como, a causa del pecado y del oscurecimiento que este produce en el hombre, surge el temor. Es a causa del pecado que el hombre comienza a temer, y a lo primero que le teme es a Dios. Digamos por un lado que con razón, ya que Dios es de temer en cuanto a su santidad y su justicia. Pero por otro lado este mismo temor aleja al hombre de Dios, ya que lo lleva a esconderse de Dios. Entonces, desde este evento que estamos observando surge en el hombre algo que le ha acompañado desde allí hasta ahora. Esto es, el temor, no hay nada mas estresante que el temor, y debemos decir que todos lo tenemos. Conocemos, además esas porciones de la Palabra que nos dicen que no debemos temer y que el temor ata al hombre. Pero aunque lo intentemos mil veces o con mil mecanismos el hombre no puede por si mismo despojarse del temor.  Para ver esto debemos dejar atrás todo concepto religioso, toda espiritualización inadecuada. Todos nosotros estamos atestados de temores, esos temores producen complejos y acciones y reacciones particulares. Esos temores son en muchos y para muchos la fuente de sus derrotas, pero paradójicamente para otros son la fuente de su éxito.

Si juntamos los dos puntos que hasta aquí hemos expuesto veremos que en   nuestro vivir cotidiano el conglomerado de elementos descritos, junto con nuestra reacción primaria y natural de temor, se tornan en un gran impedimento para que la obra de Dios avance en nosotros. No creamos nosotros ingenuamente que estar atados por un temor es necesariamente estar depresivo encerrados en nuestra casa.  Desde aquella época hasta la nuestra hemos elaborado un sinfín de escondites mucho más sofisticados que un par de hojas de higuera y algunos árboles. Déjeme decirle con toda sobriedad, sin ninguna dramatización, que la vida tiene un aspecto despiadado, fruto de todos esos elementos que señalábamos anteriormente, de los cuales además no podemos escaparnos.

Esconderse es entonces la reacción del hombre al los temores que posee. Como señalaba anteriormente hoy tenemos escondites mas sofisticados que un par de hojas de higuera o unos cuantos árboles. En términos sicológicos, según lo describen los sicólogos tenemos un sinfín de “mecanismos de defensa” y “estrategias de afrontamiento”. Estos son mecanismos psicológicos que reducen las consecuencias de un acontecimiento estresante, de modo que el individuo puede seguir funcionando normalmente. Los “mecanismos de defensa” son respuestas inconcientes y las “estrategias de afrontamiento” son mecanismo concientes.

Los métodos más usados por las personas habitualmente para vencer, evitar, circundar, escapar, o ignorar las frustraciones y amenazas incluyen los siguientes:

  • Sublimación: el impulso es canalizado a una nueva y más aceptable salida. Se dice que una pulsión se sublima en la medida en que es derivada a un nuevo fin, no sexual, y apunta hacia objetos socialmente valorados, principalmente la actividad artística y la investigación intelectual.[1] Ejemplo: el deseo de un niño de exhibirse puede sublimarse en una carrera vocacional por el teatro.
  • Represión: se refiere al mecanismo mediante el cual el inconsciente nos hace olvidar enérgicamente eventos o pensamientos que serían dolorosos si se les permitiese acceder a nuestro pensamiento (consciente). Ejemplo: olvidarnos del cumpleaños de antiguas parejas, fechas, etc.
  • Proyección: es el mecanismo por el cual sentimientos o ideas dolorosas son proyectadas hacia otras personas o cosas cercanas pero que el individuo siente ajenas y que no tienen nada que ver con él.
  • Negación: se denomina así al fenómeno mediante el cual el individuo trata factores obvios de la realidad como si no existieran. Ejemplo: fumar provoca cáncer pero la persona lo niega e incluso estima que es favorable para la salud al ser placentero.
  • Introyección (lo opuesto a proyección): es la incorporación subjetiva por parte de una persona de rasgos que son característicos de otra. Ejemplo: una persona deprimida quizá incorpora las actitudes y las simpatías de otra persona y así, si esa otra persona tiene antipatía hacía alguien determinado, el deprimido sentirá también antipatía hacia esa persona determinada.
  • Regresión: es el retorno a un funcionamiento mental de nivel anterior (”más infantil”). Ejemplo: los niños pueden retraerse a un nivel más infantil cuando nacen sus hermanos y mostrar un comportamiento inmaduro como chuparse el pulgar o mojar la cama.
  • Formación reactiva o reacción formada: sirve para prevenir que un pensamiento doloroso o controvertido emerja. El pensamiento es substituido inmediatamente por uno agradable. Ejemplo: una persona que no puede reconocer ante sí mismo, que otra persona le produce antipatía, nunca le muestra señales de hostilidad y siempre le muestra un cara amable.
  • Aislamiento: es la separación del recuerdo y los sentimientos (afecto, odio). Ejemplo: un gran amor es asesinado en un incidente. Su pareja narra los detalles con una falta completa de emoción.
  • Desplazamiento: es la condición en la cual no solo el sentimiento conectado a una persona o hecho en particular es separado, sino que además ese sentimiento se une a otra persona o hecho. Ejemplo: el obrero de la fábrica tiene problemas con su supervisor pero no puede desahogarlos en el tiempo. Entonces, al volver a casa y sin razón aparente, discute con su mujer.
  • Racionalización: es la sustitución de una razón inaceptable pero real, por otra aceptable. Ejemplo: un estudiante no afronta que no desea estudiar para el examen. Así decide que uno debe relajarse para los exámenes, lo cual justifica que se vaya al cine a ver una película cuando debería estar estudiando.

Cuando las técnicas de ajuste del comportamiento no bastan para equilibrar la realidad, el resultado puede llegar a lo siguiente:

  • Estrés y respuestas neuróticas como ansiedad o depresión, acompañadas frecuentemente por disfunciones biológicas, como las del apetito o el sueño o fisiológicas, como las llamadas enfermedades psicosomáticas, por ejemplo, úlceras gástricas o dolores nerviosos.

En términos sociales el hombre elabora una religión y una cultura. Estas son meta argumentaciones, que guardan al conjunto de los temores y situaciones que ponen en peligro a ese grupo. La religión le devuelve dignidad al hombre y la primera religión lo vistió con hojitas de higuera.

Ante todo esto Dios sigue preguntando lo que pregunto aquel día: ¿Dónde estás tú? Dios no le dijo que estaba mal que temiera, era adecuado que el hombre temiera, es mas, es adecuado que vos y yo temamos. Déjame decirte algo más, el día que no tengas más temores, detente y pregúntate: ¿Dónde estoy? Seguro no estarás mas en este mundo. Mientras vivamos en este tabernáculo, mientras andemos en medios de la selva de situaciones que hemos descrito anteriormente es normal que temamos.  La religiosidad nos ha enseñado mal cuando nos dice que no debemos temer. Yo lo he intentado mil veces y todavía no puedo. Dios no se escandaliza de nuestros temores, aunque nos reprende por ellos.  Dios se escandaliza con el urdid de mecanismos, argumentos, excusas, que tejemos, detrás de las cuales nos escondemos y que lo dejan a Dios sin posibilidad de hacer nada en nosotros. Aunque por un lado ya conocemos su misericordia y recitamos mil textos acerca de ella, cuando pecamos en vez de venir con nuestra vergüenza delante de él. Empezamos a señalar a otros, o quizás nos hacemos los ofendidos por algo. En vez de pedirles perdón a otros cuando los agredimos, dejamos que nuestro orgullo tome la delantera y esconda nuestro pecado.

He comprobado en mi ministerio que un número grandísimo de acciones y reacciones nacen del temor. ¿Sabe que es lo que mas lamento de todo esto? Que le estamos agregando mas enredo a un nudo que de por si es difícil de desatar. Me he dado cuenta que mentimos, manipulamos, nos mezquinamos, somos sutiles, irresponsables, nos excusamos y aún “conquistamos”, porque estamos llenos de temores. Lo increíble es que vivir así le agregará más temores y confusión a nuestras vidas. Debo decir claramente que en nada de esto somos víctimas.

Dios entiende que tengamos temor, entiende que necesitemos escondernos y por eso él nos provee una salida al temor un lo mas lindo, un escondite también.  Me gusta el apóstol Pablo, él conocía al Dios que libra del temor y al Dios que esconde. Así nos lo dice en Colosenses 3:3: Porque habéis muerto,  y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” En Romanos Pablo nos da una clave, necesitamos ir desnudos delante de Dios. ¡Miserable de mí! ¿Quién dice esto? ¿Se acuerda del fariseo, que oraba a Dios y le contaba de su justicia?

Necesitamos dejar atrás la doctrina y llegar a lo vivencial. Cristo nos es dado para que lo vivamos y disfrutemos, el no es una doctrina.

Bajar PDF

Deja tu comentario