Mat 21:22 Y todo lo que pidiereis[DR1] en oración, creyendo, lo recibiréis.
Mar 9:23 Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.
Estos dos versículos son impresionantes, nos traen una declaración escandalosa, dice que si pedimos creyendo, recibiremos, y además declara enfáticamente que si podemos creer todo nos es posible. A mi me parece sumamente escandalosa porque es como que Dios nos entregara un cheque en blanco. “Todo lo que pidiereis… lo recibirás”. ¿Qué pondríamos en ese cheque? ¿Tenemos el derecho de poner cualquier cosa? ¿Tenemos el derecho de poner lo primero que se nos pase por el corazón? La verdad yo he escuchado predicar muchas veces de estos versículos, pero nunca he quedado satisfecho, seguramente porque soy bastante incrédulo. No incrédulo de Dios, pero si de las formulas mágicas. Creo que muchos han predicado estos versículos de forma mágica. Han dicho: “Dios va a cumplir nuestros sueños, solo tenemos que ejercitar nuestra fe”.
Ahí me surgen varias interrogantes. ¿Qué es la fe? Y, ¿cómo hago para tener fe? ¿Qué es ejercitar la fe? En mi caso además, ¿cómo hago para impartir fe en las personas que ministramos? Todo esto es fundamental ya que sabemos que todo lo que vivimos y hacemos como hijos de Dios, debe surgir de la fe y para la fe, así nos lo dice Romanos 1:17: “Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.”
Por otro lado, conocemos que la mayor reprensión que el Señor les dio a sus discípulos fue justamente por su falta de fe. “Respondiendo Jesús, dijo: ¡Oh generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo he de estar con vosotros? ¿Hasta cuándo os he de soportar? Traédmelo acá” (Mateo 17:17). Sin duda el no tener fe es un gran problema, debemos decir enfáticamente que el que no tiene fe, esta en graves dificultades, ya que será alguien que diciendo que cree, nunca experimentará la realidad de la vida espiritual, con sus riquezas, su poder, su recurso. ¡Este es un estado frustrante!
Para comprender que es la fe, no necesitamos espiritualizar demasiado el tema. Veamos Hebreos 11:1: “Tener fe es tener la plena seguridad de recibir lo que se espera; es estar convencidos de la realidad de cosas que no vemos.” Aunque la fe se dirige hacia el futuro y hacia algo que no hemos visto todavía, debemos decir que se sustenta en el conocimiento que tenemos de Dios. La fe es conocer a Dios, y crecer en la fe es crecer en el conocimiento (experimental) de Dios. Son dos caras de una moneda, por un lado lo conocemos y por eso creemos, por otro lado creemos y eso nos lleva a conocerlo aún más. Pongámoslo en estos términos, si a usted le digo que le voy a dar algo y usted me considera confiable, porque me conoce, mi palabra tendrá credibilidad y usted sencillamente me creerá. A la inversa, si usted no me conoce y yo le prometo algo seguramente no me creerá, ni descansará en mis palabras, sencillamente porque no me conoce.
Fe es estar sostenido en la experiencia que hemos tenido con aquel que nos promete o que nos llama hacia un terreno nuevo. Nuestro descanso y confianza surgen de conocer algo de El. Claro que si no lo conocemos difícil será que experimentemos cualquier confianza. Entonces, nuestra “fe”, será un ejercicio natural de “querer creer”, de tener una gran expectativa, un ejercicio de auto convencimiento y auto determinación. Debemos ser claros en que funcionar de esta manera nos puede llevar muy lejos, pero no precisamente en Dios. El evangelio no es meramente un crecimiento en nuestra capacidad mental, no queremos ser grandes visionarios, ni sumamente atrevidos, no queremos descansar en nuestro propio potencial, el cual lo tenemos y es amplio. Queremos creer, conocer y unirnos a Cristo de forma viva, esto es tener fe y creer.
Algunos quieren producir fe en las personas a fuerza de mostrarles grandes cosas, entonces se ha establecido entre nosotros que tener fe es creer en “grandes cosas”. Si crees, si realmente tenés fe lo que haces debe ser gigante –dirá alguno-. Entonces se tiende a contar las “grandes cosas” que Dios esta haciendo con nosotros, pero necesitamos comprender que lo que Dios esta haciendo conmigo, no es lo mismo que Dios esta haciendo contigo. Nadie puede imponer su experiencia de fe a nadie, lo va a terminar matando. Nuestra fe puede y debe seguir creciendo, la fe que tengo hoy tiene una medida y probablemente hayan personas a mí alrededor que tengan una medida más amplia y otras que tengan una medida menor.
“Si puedes creer, al que cree todo le es posible”. Es una frase que nos pone un condicional enorme, al decirnos que todo nos es posible si podemos creer. ¿Creer en que todo es posible? No. Si puedes creer en aquel para el cual no hay nada imposible. Creer, como dijimos es entregarse, experimentar, conocer y unirse a Dios. Por lo tanto cuando creemos no debemos dirigirnos al objeto, sino a Dios. Nuestro ejercicio de fe debería dirigirnos continuamente a Dios y nunca al objeto. Cuanto mas le conocemos, experimentemos de forma viva y nos unimos a Dios, experimentaremos que todo le es posible a Él y que todo nos es posible a nosotros. Todo en un sentido de completo y cabal, no todo en un sentido de capricho.
Dirigir la atención al objeto es matar gente y desvirtuar el evangelio. Pero si nos dirigimos hacia él, si permanecemos en él, si lo comemos a él, todos los días, nuestra fe florecerá como un obrar del Espíritu en nosotros (Gálatas 5:22). Podremos creer y disfrutar toda la verdad revelada en la Palabra, que somos hijos, que estamos sentados con él en los lugares celestiales, que todo le es posible y que todo nos es posible.
No hay que convencerse de la fe, la fe se tiene o no, pero si abrimos nuestro corazón (oídos y ojos), le veremos a él y creeremos, simplemente creeremos.
[DR1]Un lenguaje fundamental en el evangelio es el pedirle a Dios, esto no tiene nada que ver con el hombre natural, el cual es independiente y se esfuerza para no pedir nada. Para no establecer compromisos con nadie y no quedar debiendole a nadie. Pero nosotros le pedimos a Dios, primero porque hemos comprobado nuestra incapacidad y segundo porque nos es mejor depender de él que andar solos. Por tanto, podemos y debemos tener siempre algo que pedirle a Dios.