Rom 1:17 – Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá.
Rom 4:13-14 – Porque no por la ley fue dada a Abraham o a su descendencia la promesa de que sería heredero del mundo, sino por la justicia de la fe. Porque si los que son de la ley son los herederos, vana resulta la fe, y anulada la promesa.
2Pe 1:3-4 – Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia
2Co 1:20- …porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.
Gal 5:6 – …porque en Cristo Jesús ni la circuncisión vale algo, ni la incircuncisión, sino la fe que obra por el amor.
Las promesas recorren todo el texto bíblico y por tanto se tornan en un lenguaje corriente, podríamos decir un lente a través del cual muchos cristianos miran y se relacionan con Dios. Las hay de todo tipo y color, grandes y pequeñas, para ahora, para mañana y para la eternidad, las que son terrenales y las que son celestiales. Abarcan entonces todos los temas, la salud física, la salud del alma, la familia, el trabajo, la prosperidad, nuestra relación con el mundo y también nuestra relación con Dios. Podríamos decir que la Biblia es un libro de promesas y son uno de los lenguajes que Dios utiliza para tratar con nosotros.
Dios sin dudas es la fuente de dichas promesas y el hombre es el objeto de las mismas. La lógica entonces es sencilla, Dios quién posee el recurso promete, interponiendo una demanda, el hombre por su parte responde a través de la demanda hecha, con el deseo de alcanzar dicha promesa.
¿Qué hace el hombre natural con la promesa? Trata de alcanzarla por vía de cumplir el requisito.
Yo antes decía que el requisito había sido colocado por Dios para provocarnos a la madurez, es decir en el proceso de alcanzar la promesa crecemos, a través de esforzarnos en el requisito. Hoy puedo decir que el requisito esta colocado allí para que nosotros encontremos a Cristo. Necesitamos meter a Cristo en el asunto, esto lo hace un hombre espiritual y lo hace a través de la fe. Te voy a decir algo, a Dios no le interesa tu carácter, tu madurez, tu crecimiento, ninguno de estos elementos son un fin. A Dios le interesa que encontremos a Cristo.
A la gente la captura la promesa, que les declara sacarlos del pozo, y están dispuestos a “pagar el precio” para obtenerla. ¿Hay que pagar el precio para algo? Claro que si, pero el precio que pagamos es negarnos a nosotros mismos, para ganarlo a Él. Negarnos a nosotros mismos no es encerrarse en un claustro, negarnos a nosotros mismos puede ser hoy, dejar de llorar y tener autocompasión (“pobrecito de mi”).
En Romanos 4 nosotros tenemos dos tríadas que debemos atender, necesitamos abrazar una de ellas y desechar la otra. Por un lado tenemos la fe, la gracia y la promesa, por otro lado tenemos las obras, la deuda y el salario. Cuando nuestra experiencia se inicia en una fe genuina, crecemos en nuestra unión orgánica con Cristo, su salvación aumentará en nosotros. Pero cuando nuestra experiencia se inicia en las obras, terminamos en el legalismo y muertos. El verso 5 de ese capítulo 4 nos dice: “mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia.”
Abro un paréntesis rápido para señalar que una experiencia genuina de fe produce un obrar, pero este obrar tiene como elemento esencial el amor y Pablo así lo señala en Gálatas 5:5. Ya no obramos porque estamos buscando un mérito, un derecho, un elemento que nos permita negociar, reclamar nuestra promesa, sino porque le amamos. Si no hay amor nada somos, dice el apóstol Pablo. Y obviamente si estamos hablando de vida y de vivir, estamos hablando de movimiento, crecimiento, fructificación, pero la coordenada es la gratitud, la alabanza, la entrega. Esto nos lleva a una sentencia fuerte: si no amamos, todo lo que somos y hacemos nada es.
El legalismo en el cual desembocamos por ser miopes espirituales, ignorando la economía de Dios, es un atajo, es un camino hacia la promesa que se pierde en el “bosque”. Por otro lado este camino es similar a una autopista, la cual posee muchos carriles, algunos son mas rápidos que otros, pero lo fundamental no es andar más rápido sino saber a donde vamos, y esta autopista, no importa en el carril que andemos nos lleva a un lugar, que se llama fracaso y pobreza espiritual. Como dije esta autopista tiene varios carriles, algunos mas tradicionales hablan de moral, otros de conquistar el mundo, otros tiene una apariencia de profunda espiritualidad, sin embargo al final todos nos dejan mas o menos en el mismo lugar. Recordemos que lo que hace legalista un mensaje, es su lógica no su temática. Es decir, se pone énfasis en la forma exterior y en el cumplimiento de ciertos requisitos.
Permítame decirle que hay muchos que consideran que la fe es poca cosa, entonces necesitan ver o tocar algo grande para reconocer fe en ellos o en otros. Algunos piensan así: “si tenemos fe necesitamos hacer lo mas grande”. Definitivamente no saben lo que es fe, si andamos así corremos detrás de lo que nuestros ojos ven. Pero según Pablo nosotros andamos por fe, no por vista (2 Corintios 5:7). El que no tiene fe siempre necesita una comprobación. Correr detrás de lo más grande e impresionante puede tornarse además en una tentación a Dios. (Lucas 4:9-12)
La fe no es para obtener cosas sino para conocerlo y ganarlo a Él. Según leímos en Romanos 1:17 nosotros avanzamos por fe y para fe. En otras palabras la fe es todo, porque la fe nos une a Él. Nuestra debilidad es sorbida en su poder, nuestros miedos son sorbidos en sus conquistas, nuestra inoperancia es sorbida en su capacidad, nuestra ignorancia en su sabiduría, nuestra pereza en su obrar, nuestro obrar es sorbido por su esperar, nuestra muerte es sorbida en su vida.
Volvamos a la promesa entonces, entendiendo que significa un don conferido en gracia, no una prenda conseguida mediante negociación. Necesitamos recibir esto: todos los requisitos y todos los dones de las promesas de Dios, se cumplen en una persona, esto es, Cristo. Dice un comentarista, que “en Jesús se encuentra el sueño de Dios y el sueño de los hombres”. Por eso tenemos que en 2 Corintios 1:20 se nos dice que todas las promesas que Dios ha hecho, son en Él sí, y nosotros por tenerlo a Él y a través de la obra de su Espíritu en nosotros decimos amén. Si no lo ganamos a Él no podemos decir verdaderamente amén.
La promesa es una fórmula sencilla y algunos predican solo la fórmula pero no atienden que el cumplimiento de esta fórmula no es tan sencillo, por eso Dios nos ha dado a Cristo. Queremos las promesas poseámosle a él. Que nuestras necesidades, aquellas que sabemos tienen provisión en la mano de Dios sean una excusa para ganarlo mas y mas a él.
La promesa es a través de la gracia, Dios nos la ha dado por su amor y deseo, por tanto solo la fe puede conquistarla. El camino a la promesa es la fe que nos une genuinamente a Cristo y todos decimos amén.